Ella se entromete, pasa desapercibida entre las multitudes, y sólo quienes conozcan a la perfección, o en su defecto, casi completamente, el camino, son los únicos que pueden verla y detenerla, mostrarle a quien tengan que hacerlo, que ella está ahí presente. Algunas veces hay que renegar, porque es sigilosa, es una gata que se desliza entre palabra y palabra borrando casi toda evidencia de su existencia. Algunas veces la encubren entre varios, y dandote la espalda la dejan pasar de largo. Ella es constructora y destructora a la vez. Ha hilvanado inmensas marañas que siguen en pie, y hasta castillos de luz a los cuales el mundo entero rinde cuentas en voz baja, así como se la ha visto volteando inmensos palacios del amor. Melina tiene patas cortas pero corre muy rápido. Corre y a la par de cada paso arma enormes puentes, escaleras, sogas, remediando los baches que su enemiga Vera hace involuntaria pero necesariamente.
Cae la luna y es entonces cuando ella aparece. La falta de claridad permite que pase sigilosa entre una multitud, tapando todos y cada uno de los agujeros que Vera dejó a la luz. Es versátil, tiene comodidad y, con un poco de creatividad, puede afrontar un bache de múltiples maneras. Melina es una mujer voraz. Aquellos que son capaces de conquistarla con audacia y utilizarla con inteligencia, pueden hacer que ella se coma sin problemas cualquier escollo que le surja en su camino. Ha salvado miles de agujeros para que aquellos inmerecidos piernas sanas puedan transitar su camino sin más miedo de afrontar las consecuencias justas de sus actos. Melina es el sigilo hecho fantasma. La mujer que hace que hasta el más despiadado y cruel humano, siempre y cuando la conquiste, camine sin caerse.
Alex.
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