5/06/2011

El Elefante Culo Roto

Hice lo que fuera posible para pertenecer a una identidad. Me dejé meter la trompa en el culo poco más de cien veces. Chupé pies, me dejé golpear, basurear y robar. No te lo niego, más de una vez me sentí un idiota, un fracasado, un estúpido, un mal nacido, me sentí escoria animal. Pero siempre escuché una frase que me dio ánimos a seguir aguantando la trompa en la cola, la basureada, y la chupada de pies: "Si quiere celeste, que le cueste". Y así me acostumbré a todas las gastadas y a rebajarme. Pero finalmente entré donde tanto quería entrar. Conseguí mi primera identidad como "el idiota" de la manada. Y, aunque las bromas pesadas seguían, algunos elefantes comenzaban a bancarme en mis problemas, superficialmente, obvio, pero lo hacían. Cuando venían los leones, yo ya era de los elefantes que formaban el grupo de pelea, y no de los otros a los que tiraban como carnada para distraer a los felinos, etapa que ya había pasado y de la cual me habían quedado cicatrices.


De a poco empecé a formar parte más grande. Era cuestión de escalones, de saber negociar. Fíjense sino, para ustedes que creen que el que nace idiota muere idiota. Comencé siendo carnada para los leones, mientras los "piolas" de la manada se defendían entre ellos. Luego, con la trompa de los líderes todavía en el culo, dejé de ser carnada y pude ser defendido, y, hasta incluso, tuve la oportunidad de mandar a otros elefantes más pichis al muere entre los leones. Y no es que me gustara entregar en bandeja a los otros elefantes. El caso de Iracundo Trompón, fue difícil para mí. Iracundo Trompón era un elefante amigo mio, desde bebés nos criamos juntos en el pantano de atrás del lago. Pero Iracundo era pichi, cuando estaba con él toda la manada me metía la trompa en el orto. Y bueno, una vez que entré, tuve que venderlo para poder conseguir un poco al menos de respeto. Así fue que en el último ataque de los leones, el de la semana pasada, le dije al líder que yo entregaba a Iracundo a los leones, si me dejaban de meter la trompa en la cola. Él aceptó. Es un elefante que la tiene clarísima con esto de los negocios.


En realidad no me salió del todo bien y eso es lo que me tiene mal por Trompón, mi compañero de la infancia. Cuando vinieron los leones empujé a Iracundo Trompón hacia los felinos. Lo agarraron entre seis y lo hicieron mierda como nunca. Mis amigos de la manada lloraban de risa y me pasaban la trompa por el lomo como señal de saludo, de caricia. Yo les sonreí y me abracé trompas por primera vez con algunos de ellos. Fue emocionante para mí. Se me puso la piel de gallina cuando pude abrazar trompas con los que siempre me bardeaban. Me sentí parte de ellos por primera vez.
Pero esa misma noche mientras dormía me despertó un golpe en el cuerpo que me dio vuelta. Con lo que nos cuesta a los elefantes enderezarnos. Eran ellos, los mismos quilomberos de siempre. Me levanté y fui a buscar al líder. Le dije que me había prometido que si yo entregaba a mi amigo dejaban de joderme. Me dijo "dejábamos de meterte la trompa en la cola, eso arreglamos, las demás jodas siguen en pie".


Con el paso del tiempo pude entregar algunos elefantes más, ex amigos, y así ganarme el respeto de mis pares en la manada. De a poco fui pareciéndome a los normales de la manada. La trompa en la cola ya no existía y hasta cuando podía, yo se lo hacía a otros elefantes nuevos que querían meterse en ésta rutina de identidades, ascenso y descenso de eslabones. Quizás no podía idear bromas o si lo hacía todavía no me aceptaban las propuestas, pero empecé a pertenecer a algunos proyectos colectivos, como el armado de una nueva defensa ante los leones, y una elefanta se fijó en mis arrugadas y fofas curvas. Conseguí subir un escalón más con el tema de que una de ellas se fijara en mí, comenzaron a considerarme respetable, al menos, al punto de no basurearme.


Y acá estoy hoy, sigo en esta rutina. Doy la vida por mis amigos de la manada, y ellos no dan ni medio cuerno de marfil por mí, pero supongo que algún día voy a conseguirlo, voy a conseguir la popularidad, la amistad, el respeto. Quedaron atrás los que me seguían invitando a jugar en el barro, quedó atrás Iracundo Trompón, y quedó atrás ese sensible, sumamente útil, y compañero de los buenos, el elefante culo roto, aquel que fui yo en tiempos pasados.














Elefante Culo Roto.

1 comentario:

  1. JAJA ME DIO MUCHA TERNURA EL ELEFANTIN (L) jajaja

    soy loopppppppppez

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