5/16/2011

El Fantasma 3

-Capaz que sea un fantasma, la gente no cree en los fantasmas pero existen- Me decía Ramiro, mi amigo de toda la vida.
-Pero loco... ¿Cómo puede ser que sea un fantasma? Osea nunca nadie comprobó que existan legalmente-
-Jaja ¿cómo que legalmente? ¿Querés decir que no está comprobado?-
-Sí-
-Y bueno papá pero existen, la virgen de Salta no está aprobada por la iglesia pero sin embargo miles de personas por año van, la ven que se acerca, que los toca, y la gente se desmaya, sacan fotos y aparece la virgen en el cielo o los rosarios gigantes colgando de un árbol, no tiene nada que ver una cosa con otra-
-Y... pero qué se yo, es muy loco aceptar que hay un fantasma que vive en mi casa-
-¿Y por qué no hacemos el intento de saber?-
-Vos estás en pedo hermano, ¿qué queres hacer?-
-Que juguemos a la copa, o filmemos la casa de noche a ver que pasa mientras dormimos. Ya se, yo tengo unos detectores, son tres pelotitas con láser, si algo se mueve hasta a dos metros de distancia de esas pelotitas, hacen sonar una alarma. Ponemos una en cada parte distinta de la casa y si algo se mueve van a sonar-
-No, vos estás loco, ni en pedo hago eso en mi casa-
-Bue... sos un cagón, al final se te quemó el inodoro, te lo pasas yendo al médico porque se te prende fuego el culo, las hornallas se encienden solas y te haces problema por preguntarle al fantasma si es real o no y qué carajo quiere-
-Y bueno loco, hagamos una cosa, acompañame vos esta noche, quedate a dormir en casa y así vemos si pasa algo o no-
-Bueno dale-


Esa noche Ramiro vino a dormir a casa. Comimos, hablamos, y nos fuimos a dormir. Hasta el momento, nada. Las hornallas parecían intactas, pero el borde de la tapa del inodoro y la cama seguían marcados por el fuego.


-Parece que es un fantasma un poco tímido el tuyo-
-Se ve que sí-
-O capaz que sos medio pirómano-mitómano-
-O capaz que sos un hijo de puta que no me cree también-
-Puede ser-


Me metí al baño a cepillarme los dientes y me fui a mi habitación. Ramiro se quedó durmiendo en el comedor.  Me costaba conciliar el sueño por el hecho de los nervios. Nunca quise que aparezca el fuego, pero teniendo una visita a la expectativa, lo que más quería en ese momento era que pasara algo, obviamente, sin que se prendiera fuego la casa o mi cuerpo. Así, esperando que algo sucediera, me quedé dormido.


Me soñé en un bosque, como el del Cerro López de Bariloche, igual. Había nieve y yo caminaba pisándola , contento de estar ahí. Caminaba sin parar, sin detenerme ante nada, como buscando a alguien o escapando de alguien. La sensación era de alegría de estar ahí, pero de vértigo por una persecución. No sabía si era cazador o presa, lo que hacía que mi adrenalina crezca hasta hacerme transpirar. De a poco, la sonrisa se iba cambiando por un aire de angustia, como quien ya no puede relajarse. Necesitaba saber qué estaba pasando. Entonces me paraba, encima de una piedra, con una bola de nieve en la mano.


-A ver, ¿Quién carajo me está persiguiendo che? Mostrate, cagón-


Estaba asustado y paranoico, pero insultar me ayudaba a quitarme los miedos.


-Somos nosotros, no singularices- Respondieron varias voces detrás de mi espalda.


Me di vuelta tan rápido que resbalé de la piedra y caí al suelo. Apenas pude abrir los ojos distinguí a tres hombres, todos pelados. Me llamaban la atención por estar casi desnudos pisando la nieve. Eran flacos y pálidos, sin pelos en ninguna parte del cuerpo, y los tres tenían muy mal estado. A uno de ellos le faltaban varios dientes.


-¿Y ustedes quiénes son?-
-Quisiéramos saber quién sos vos...-
-Yo soy Pedro...-
-Pedro... ¿y a qué viniste acá?-
-Si vamos a conocernos me toca preguntar a mí, ¿quiénes son ustedes?-
-Nosotros somos quienes todavía no te diste cuenta de que somos-


Me quedé pensando en esta frase. Cuando logré entenderla, me levanté de un salto de la cama, completamente agitado, y al borde del llanto. Era aún de noche y sonaba un ruido insoportable, como una alarma. Prendí la luz y llamé a Ramiro a gritos, sin salir de la cama.
Ramiro se despertó y corrió a mi habitación.


-¿¿Qué te pasa boludo qué te pasó??-
-¡¡Los fantasmas soñé con ellos te lo juro!!-


Ramiro no me prestó atención y sin embargo sí lo hizo con el ruido agudo. Su cara se transformó.


-¡¡Las alarmas!! ¡¡¡Están sonando!!!-


Se metió a la habitación y cerró la puerta con traba.


-Qué alarmas? Te dije que no hicieras nada hijo de mil puta ¡¡te dije que no hicieras nada!!-
-Perdoná... tenía que comprobarlo... puse las bolitas de alarmas-
-Y están sonando todas...- El miedo me daba escalofríos uno atrás de otro, Ramiro estaba pálido y transpirado. Las alarmas no dejaban de sonar.
-Eso significa que entonces...-
-No hay una sola presencia, sino que son tres-
-Y se están moviendo...-
-No puede ser... y qué hago yo ahora..., decime qué hago ahora...-
-Llamemos a algún vecino por la ventana y que nos venga a tirar la puerta abajo-
-Son las cuatro de la mañana boludo que puerta abajo...-
-¿Entonces? ¿Qué hacemos?-


No sabíamos qué hacer y estábamos aterrorizados. Las tres alarmas sonaban sin parar, y sólo lo hacían frente al movimiento. Es decir, había tres movimientos constantes en distintos lugares de la casa. Ramiro trabando la puerta, pálido, me miraba sin saber qué hacer. Yo, desde la cama, intentaba respirar, pero el susto me había paralizado el corazón. Estábamos encerrados, y no con un fantasma. Con tres.

No hay comentarios:

Publicar un comentario