Lo admito, soy demasiado cagón para estar donde estoy, pero a su vez soy muy cabeza dura y mi resentimiento hacia los valientes es tan grande que puedo pasar por valiente cuando cometo mis arremetidas contra ellos.
La vertiginosa caída de mi Imperio se dio tan rápida que apenas estoy comenzando a entender qué paso, recién ahora, cuando vuelvo a ser un don elefante nadie que come sobras de plantas.
Habíamos tenido una reunión entre mis tres subordinados mayores y yo. La misma, había sido pedida por Casco Blanco, para quejarse de los siguientes motivos:
-Ausencia del Rey en las batallas, falta de alimentos, falta de buenos soldados.
Los tres motivos eran ciertos. No me presentaba por miedo a una traición, faltaban alimentos porque no quería fortalecer a los elefantes de Casco Blanco, y los mejores pequeños marfiles estaban en la triple frontera a cargo de Trompa Chata.
Pero, que fueran reales, no significaba que debiera cederles importancia en mi reinado. Debía lograr poner a Trompa Chata de mi lado y despachar al quejoso elefante Marfil Filoso.
-Trompa Chata, sabes que Casco Blanco quiere levantarse contra mí- Le dije momentos antes de la reunión-
-Has estado actuando por orgullo...-
No sabía qué hacer cuando me llevaba la contra.
-No fue orgullo-
-¿Entonces qué fue?-
-Control, Casco Blanco no puede manejar a mis mejores soldados-
-Que me los hayas mandado no significa que voy a luchar por vos-
-¿Y por quién lucharás?- Mi trompa temblaba al hablar-
-Estás nervioso...-
-¿Acaso vas a sacar ventaja de nuestras debilidades? ¿Y dónde quedó el amor y la lealtad por la unión de la manada? Creí que podía confiar en vos, Trompa Chata, me decepcionas-
Nada pudo contestarme porque Casco Blanco se hizo presente.
-Creo que me quita poder a propósito-
-¿Con qué objeto?-
-Ése es el motivo de esta reunión, saber con qué objeto, dígalo usted-
-Creo que no está capacitado para manejar tanto poder-
-El poder de una buena alimentación? Por ejemplo?-
-El poder de tener un ejército a su mando-
-Cree usted que no podría respetar mi deber?-
-Que no podría respetarme a mí-
-Yo siempre cumplí con mi deber-
-Quiero que cumpla conmigo, y como no responde a mi pedido, no puedo dejar de tenerlo bajo control-
-Los pequeños marfiles mueren de hambre y los leones empiezan a saberlo... deje de lado su miedo a perder el trono y ayude a la manada-
-La manada...-
-La manada está en peligro porque usted no respeta a su Rey-
-¡Porque el Rey no me alimenta como debería! Ni a mi ni a los pequeños-
Era cierto. Por miedo a que me derrocaran, mataba de hambre a los pequeños marfiles.
-Le voy a dar un tiempo para que demuestre fidelidad, si lo hace, van a comer como dioses-
-Sólo queremos comer-
-Sólo quiero fidelidad-
-Esa misma que se perdió cuando usted tuvo miedo-
-Y qué si tengo miedo?-
-Que siempre lo tuvo, no se cómo llegó a ser Rey!! No entiendo cómo un elefante de su desastroza personalidad llegó tan lejos!! No puedo creer que mi Rey sea tan patético e inseguro!!-
Silencio. Trompa Chata se sorprendió. Mis piernas temblaban. Casco Blanco estaba poseído por su ira.
-Mis pequeños marfiles y yo no vamos a esperar ni un sólo día más de su comida, así como tampoco espere usted que salvemos al reino de los ataques felinos que van a producirse ésta noche-
-Traicionero!!!-
-Cobarde...-
Casco Blanco se fue. Trompa Chata me miró furioso, sabiendo que no sólo me había ganado un enemigo dentro de la manada, sino que ponía en riesgo a todos.
-Esta noche tus pequeños marfiles tienen que estar cuidando el paso de los leones-
-Y la frontera?-
-Me quedo yo-
Esa noche los mejores pequeños marfiles viajaron con Trompa Chata a cubrir la frontera leonina mientras que yo me quedé con un puñado de elefantes inexperimentados al borde del lago. Sabía que Casco Blanco iba a hablar con los leones para comunicarles que liberaba el paso, pero me resultaba muy fácil evitar el plan. Había algo que no cerraba.
Ivo se acercó hasta la frontera y puso a su disposición a sus elefantes, que si bien no eran guerreros, de algo podían servir. Trajo comida y agua.
La noche cayó y los rugidos de los leones en lucha con Trompa Chata se hicieron sonar. La atención de los pequeños elefantes que me rodeaban se posó en ese sector. La batalla duró algunos minutos, y luego, calma. Pero de repente, por los costados del lago, un movimiento. Casco Blanco se acercaba con tres elefantes. Me paré y ordené a todos los pequeños ponerse en fila frente a mi enemigo. Pero era demasiado tarde. Ivo hizo sonar su trompa en señal de peligro y cuando volteamos a su lado, del otro sector del lago, ocho o nueve elefantes más nos habían rodeado. Ivo cayó antes de poder actuar en defensa. Quedó fuera de combate. Yo dividí rápidamente mi grupo de elefantes (que era muy mayor al de mi oponente) en dos pelotones y mandé cada pelotón a cada frente de batalla. Mientras tanto, huí sin compasión en busca de Trompa Chata.
Volteé hacia el lago para ver la batalla y observé cómo caían desplomados mis pequeños guerreros en manos de los cuernos furiosos de mi traicionero enemigo.
Encontré a Trompa Chata enfrentado a mi carrera, con su ejército de fuertes soldados esperándome.
-Amigo, tenés que salvarme, Casco Blanco me traicionó, atacó mi lago, mató a Ivo y a muchos pequeños de la manada, viene a buscarme y ya no puedo seguir corriendo... salv...-
-Un líder requiere personalidad... mi Rey-
-...No, Trompa Chata... no, no, no me vas a matar... no vas a unirte a la traición...-
-Un líder requiere personalidad, la manada ya no te necesita-
Dicho ésto, dos cuernos se hundieron en mis patas y caí al suelo sangrando. Con los ojos entrecerrados y un dolor agónico, pude reconocer la voz de Casco Blanco diciendo que ni siquiera valía la pena matarme, y que me desterraran del reino. Cerré definitivamente los ojos.
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