Decidí anotarme en una de las materias que venía atrasando hacía tiempo y ya me tenía con un pie afuera de la carrera. Así que perdida por perdida, quise hacer el último intento. De mis amigos, todos ya la habían pasado, y del resto de mis compañeros con los que me hablo, ninguno estaba anotado.
Eso significaba una sola cosa. Iba a estar sola, como en el tiempo en que empecé el CBC, pero con la ventaja de conocer ya la forma en la que tenía que manejarme.
Al principio pensé que iba a ser divertido, el hecho de estar sola me daba libertad de hacer lo que quisiera con quien quisiera y como quisiera.
Las primeras clases fueron aburridas, sentándome atrás intentaba tomar nota pero como cursaba a la noche, llegaba siempre cansada de trabajar (trabajo en un bar en Palermo del mediodía a la tarde) y terminaba dormitándome sobre el brazo o yéndome antes.
Pero al poco tiempo de haber empezado la cuarta clase, entró al aula un flaco que no había visto antes. Rubio pero no del típico rubio. Tenía el pelo clarito pero estaba todo bronceado. Por su pantalón de vestir negro (que le quedaba demasiado bien) y su camisa blanca arremangada, supuse que llegaba de trabajar y por eso también la impuntualidad.
Como yo me sentaba atrás, se sentó a mi costado y cuando lo miré, sonrió como un gesto de saludo. Sus dientes blancos y su sonrisa canchera me gustaron bastante.
-Che, ¿Dijo algo del parcial?-
Escuché una voz fuerte, medio ronca. Me di vuelta y me estaba preguntando a mí.
-La semana que viene- Contesté y me di vuelta, bastante colorada de la vergüenza.
La verdad es que me intimidó bastante con su mirada seria fijada en mis labios esperando respuesta. De cerca sus ojos eran más fuertes. Miré de reojo y vi que se quedó colgado, dudando. Claro, enseguida me di cuenta de lo pelotuda que fue mi respuesta. “La semana que viene”, ¿qué carajo significa la semana que viene? No me animé a aclarar más nada. Terminó la clase y me fui rápido, mientras que él se quedó hablando con otra compañera, seguramente buscando una respuesta mejor.
A la semana siguiente era el parcial y era múltiple choice, por lo que tenía que saber muy bien las características de cada elemento para aprobar. Siendo martes, me quedaban la clase del jueves y la del viernes como repaso.
En la tarde del miércoles no pude estudiar por lo que me pedí el día el jueves. Estuve desde el mediodía hasta la hora de cursar leyendo. A pesar de esto, el hecho de no ir a trabajar me mantenía con muchas pilas. Llegué a la clase diez minutos tarde para intentar sentarme cerca del chico rubio que había visto el martes.
Entré y, como pensaba, él estaba de camisa arremangada sentado al lado de la puerta. Me senté junta.
-Ey, jaja, ¿cómo andas?- Me dijo cuando me vio.
-Bien, ¿vos?-
-Bien, bien-
Sonrió y siguió prestando atención. La verdad es que el flaco estaba bárbaro y tenía una buena onda que me mataba. Me distraje de la clase en varias ocasiones por mirarle los brazos (bastante bien a mi gusto) y las piernas, con ese pantalón de vestir negro que le quedaba tan pero tan bien. Se hizo la hora de salir y, al estar sentados juntos, salimos juntos.
-¿Y? ¿Cómo venís?- Me preguntó-
-Bien, ¿vos?-
-Ahí, tratando de agarrarle la mano-
-¿Te cuesta?-
-Sí un poco, el segundo tomo es el que más me cuesta-
-Es difícil, yo hoy lo terminé-
-¿Y?-
-Y lo voy entendiendo-
A medida que íbamos conversando se me iba pasando la timidez. Salimos del edificio y me invitó a tomar un café al barcito que estaba en frente. Obvio. Charlamos un rato largo, me contó que trabajaba en un estudio jurídico, y que se estaba por ir a Brasil. Su voz era cautivante, estuvo un rato hablando y yo lo escuchaba atontada. En eso se largó a llover fuerte. Me preguntó por dónde vivía y se ofreció a llevarme en coche. Acepté.
se la pone en el coche
ResponderEliminaryo quiero uno asi con facha con auto y que me invite un café jaja!
ResponderEliminaraguanten los jipis chau
aguante yo que soy el unico de 18 años pero los tengo pillos a todos
ResponderEliminarzarpado loco, en el coche y que la siga en la casa
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