5/25/2011

El Fantasma 4

-No te puedo creer que hayas puesto esas alarmas... me cuesta respirar...-
-Bueno basta Pedro, ahora no importan las alarmas, importa lo que hagamos, aparte, al menos ahora sabes que definitivamente hay alguien acá-
-Me deja mucho más tranquilo eh... MUCHO más tranquilo...-
-¿Qué carajo hacemos?-

Terminó de decirme esto y las alarmas dejaron de sonar, todas al mismo tiempo. Me acordé de mi sueño.

-Cuando te llamé Rami, cuando te llamé-
-¿Qué pasó cuando me llamaste?-
-Soñé, tuve una pesadilla-
-¿Y? Pará loco, después hablamos, primero pensemos qué hacemos ahora, ¿salimos?-
-Fijate si se escuchan o no-

Entre pequeñas intenciones de resolución, amaneció con nosotros encerrados. La luz nos animó, nos quitó un poco del miedo.

-Mirá loco, ya no da para más, o salimos, o dormimos acá, tengo mucho sueño-
-Vamos a salir-

Nos decidimos a, uno abrir la puerta y el otro correr a la cocina y cargar agua en las cacerolas y los vasos.

-Dale eh, ¿estás listo?-
-Dale, dale-
-¡Ya!-

Abrió la puerta y corrí hasta la cocina revoleando patadas y golpes y saltando como un loco. No había nada, entre lo poco que pude ver, que estuviera fuera de lo normal. Agarré las dos cacerolas que tengo y las llené a tope de agua, los vasos y hasta me mojé la ropa. Enseguida apareció Ramiro y se empapó también.

-Ahora sí, voy a recoger las alarmas-
-Yo te sigo de atrás-

Caminamos en fila con las cacerolas llenas de agua en las manos. El día era radiante y la casa estaba como cualquier otro día radiante, tranquila, iluminada, como durmiendo una plácida siesta. Pero la tranquilidad duró tan poco como nos acercamos a la primera de las alarmas.

-¿Qué pasó Pedro?... ¿qué es lo que hay en esta casa?-

Ramiro estaba paralizado, mirando la pelotita que había sonado toda la madrugada. Me acerqué a ver. Estaba deshecha. Derretida, el plástico deformado y llena de pelos.

-¿Qué son?-
-Pelos-
-Ya no funciona, está toda derretida-

Nos acercamos a la siguiente ubicada del otro lado del comedor. Derretida y atravesada de pelos por todos lados.

-¿Qué son todos estos pelos boludo?-
-No se... no se, no entiendo-

Ramiro la acercó a la primera y fuimos a buscar la última de las alarmas, puesta en el pasillo entre el comedor y la habitación. Mi corazón paró un segundo de latir cuando vi lo que vi. Con la rapidez de la luz y la lentitud de todo incrédulo ante una evidencia rotunda, me di cuenta de lo que pasaba.

-¿Y esto? Es un diente-

Advirtió mi palidez y me preguntó lo que me pasaba.

-Es que ya entendí, mi sueño Ramiro, mi sueño-
-¿Qué pasó en tu sueño?-
-Soñé con tres hombres pelados y a uno le faltaban los dientes... de ahí son esta porquería y esos pelos atascados en las alarmas-

Un silencio desgarró el ambiente, Ramiro transpiró.

-Y... si las alarmas están rotas... ¿qué nos dice que se fueron de acá? Las alarmas no suenan porque están destruidas-
-Están acá, los hombres de mi sueño-
-Entonces... son ellos-
-Sí... son ellos-

Volcamos las cacerolas de agua en el piso de madera y salimos a la calle, cerrando con llave la puerta de la casa.

-A esta casa, no vuelvo nunca más-
-Pero... ¿qué vas a hacer?-
-No se-
-¿Y tus cosas? documentos, pertenencias...-
-No se, en este momento, ya no se-

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