Eran las siete y diez de la tarde. Entró a afeitarse al baño como cualquier día, a las nueve lo esperaba su familia en la puerta del restorán para cenar como festejo de su cumpleaños número treinta y tres. Estaba contento. Abrió la puerta, agarró la gillete, y mientras preparaba la espuma para la barba, le dieron ganas de hacer caca. Estuvo un rato, no podía concretar. Se desnudó, pero tampoco pasaba nada, las ganas estaban, la sensación estaba, pero la caca no salía. Se concentró entonces mirando un punto fijo del azulejo que tenía frente a su cara, y trató de hacer fuerza mirando siempre un mismo objetivo. Estaba a punto de salir todo, cuando se quedó perplejo. Inmóvil y asustado. Desesperadamente sorprendido. El reflejo de su cara en el azulejo se movía y parecía tener otra cara distinta a la suya. No podía creer lo que estaba viendo y entró en pánico. Agitado y mareado logró poner una mano en el lavamanos y se acercó para comprobar que realmente su reflejo en los azulejos tenía otra cara. Se acercó, más y más, hasta quedar con la nariz casi apoyada en la pared. El reflejo, seguía sentado en el inodoro. Se puso a llorar del horror que le daba esa imagen tan ajena a lo real. Lloró de tal forma que su hermano entró al baño dando un portazo.
-Qué te pasa boludo qué te pasa????-
Lo miró a su hermano y volvió a mirar al azulejo. Su reflejo ya estaba en su lugar natural. Rompió en llanto con más fuerza, no podía emitir palabra.
-Por qué tiraste tanto papel higiénico?? qué te pasa contestame algo Ricardo!!-
Ricardo dejó el reflejo y volteó hacia el inodoro, que estaba ahora casi hasta el tope de papel higiénico. Él no lo había hecho, nunca había tocado el papel higiénico y ni siquiera tenía la costumbre de hacerlo, lo suyo era bidé y toalla. Su cara se retorció con un golpe, el hermano le había pegado un cachetazo.
-Qué te pasa reaccioná Richard, reaccioná chabón ¿qué tenes?- decía preocupado y al borde del llanto también.
Ricardo quiso salir del baño pero advirtió que sus dos anillos (el de compromiso y la reliquia familiar) estaban en el borde de la bañera. "Nunca me los saqué del dedo", alcanzó a pensar aún hundido en la perplejidad de no saber qué le pasaba. Los agarró y se los puso con ayuda del hermano.
-Voy a llamar a los viejos, estás con un ataque- le decía el hermano.
-Por favor ayudame, no entiendo qué mierda está pasando acá-
-Quedate tranquilo, no pasa nada, ahora vienen los viejos-
El hermano, cambiado abruptamente de estado, de nervioso y tensionado a una especie de mezcla de angustiado con comprensivo, lo tomó del brazo y lo llevó hasta la cama, le subió el pantalón, y lo acostó. Ricardo se quiso levantar y sintió que alguien lo tomaba de las muñecas y lo obligaba a permanecer acostado. Comenzó a gritar convencido de que alguien lo estaba inmovilizando y pidió que su hermano le devolviera los anillos que estaban en el borde de la bañera. El hermano hablando por teléfono se metió al baño, tomó los anillos y se los puso en los dedos indicados. Cuando se acercó, Ricardo escuchó la conversación con nitidez de su hermano en llanto.
-Tuvo una recaída... vengan rápido porque no pue... sí, tuvo una recaída está con las alucinaciones, vengan ya-
Ricardo estaba covencido de que alguien le inmovilizaba la cabeza y desde los costados de la cama le tomaban las muñecas sin dejarlo mover ni ver quién le hacía semejante tortura. Le pedía al hermano que lo ayude, que era el día de su cumpleaños, y no sabía qué estaba pasando. El hermano lloraba.
-Está bien, ahora vienen los viejos, dejá de gritar por favor- le decía mientras le acariciaba el muslo.
En cuanto Richard sintió que uno de los muñequeros le aflojó la mano, se soltó con violencia y así, el que le sostenía la cabeza también lo liberó y del último escapó a la fuerza. Su hermano se había quedado dormido sentado en una silla. Saltó de la cama y comenzó a buscar a los hijos de puta que lo habían torturado, cuando su hermano se despertó e intentó de inmediato hacerlo acostar otra vez.
-No, no!!, por favor tenés que creerme, te voy a mostrar que es cierto, por favor, creeme, dame una sola oportunidad-
El hermano comenzaba a lagrimear otra vez.
-Está bien, a ver?- dijo compadecido y angustiado.
Ricardo se agachó y miró abajo de la cama. Efectivamente estaban ahí los causantes de todo. Eran tres pequeños hombres que lo miraban y reían. Agarró del cuello a uno y lo sacó de la cama. Debía tener medio metro. Lo alzó en el aire.
-Ves? Ahora me crees? Éste es uno de los hijos de mil puta que me tenía agarrado de la muñeca-
Para Ricardo era real, él lo estaba alzando del cuello, el enano se movía por sí sólo y tenía forma, olor, y volumen. Pero a la vez que justo aparecieron los padres por la puerta, ambos llorando, el hermano lo abrazó, y diciéndole en el oído "Vas a ver que algún día estos enanos van a dejar de molestarte", lo despidió y salió de la habitación, dando paso al doctor ya tan conocido por la familia.
-Buenas tardes doctor, adelante- le dijo y lo dejó pasar.
La puerta de la habitación se cerró con Ricardo, los padres, y el doctor en la habitación mientras que el hermano salió a la vereda a fumar cigarros, uno atrás de otro. Poco tiempo después, se llevaron a Ricardo para internarlo. Pobre buen muchacho, tuvo una recaída, y justo en el día de su cumpleaños.
jajaja no entiendo el fiiiiiiin de esto.
ResponderEliminarche sos un colgado, respondeme por el msn jajaja! y suerte en tu parcial :)
Está bueno guachín ;)
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