4/13/2011

Eramos chicos, debíamos tener doce, trece años. Y Guillermo era el malo del barrio. Era el más grande del grupo. Tenía como quince, y era medio gordito. Entonces todos lo respetaban y él se hacía el canchero. Cuando jugábamos a la pelota en la esquina o en la puerta de la casa de Darío, él armaba los equipos.
Un día no se qué se le rayó y no me quería dejar jugar. "Vos andate" me decía y me sacaba con el brazo. Yo sabía que él me odiaba porque yo era el único que no le tenía miedo. El Pata y Rubén me querían sacar también, me decían "Dale, ya está, dejalo, después jugas", eso me daba más bronca todavía. Y ahí nomás le dije "bueno no juego pero vos tampoco" y le pegué tal piña en la trompa que lo dejé sentado con el culo gordo en el asfalto. Hubo como un silencio de todos y no se terminó de levantar otra vez para pelear, que lo volví a sentar de otra trompada. Me fui a casa y me quedé jugando sólo en el patio con el teléfono y mi coche de lata toda la tarde.

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