4/19/2011
Se hacía de noche y ella no llegaba. La luna alumbraba la alfombra de la sala de estar, pero mi corazón, oscuro, no se encendía más que con su chispa. La vela se derretía y la mesa mejor armada que nunca, esperaba una cena que nunca iba a llegar. Las horas cayeron como fichas de dominó, y quedaron tendidas en un paño de recuerdos tristes. Mi cuerpo vacío quedó sentado en una silla, mirando la alfombra, primero azulada por el reflejo del cielo atardecido, luego negra, caída la noche, más tarde se aclaró con la luna, cuando ésta se puso en el techo, y finalmente fue retomando su color natural, con la salida del sol. Sin emitir palabra ni conclusión, caminé hacia mi cama y dormí un día entero.
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