Por suerte ahora tengo algunas esperanzas más de vida.
Paso a comentar lo que estoy apunto de considerar como "caso cerrado". Debido a los problemas ocurridos un día miércoles de fines de febrero en el cual golpeé a dos pibes (a uno de ellos con un adoquín) que paraban en la cuadra de mi casa luego de un fuerte entredicho con insultos de por medio, he sufrido hasta el día de ayer, muchos problemas con respecto a mi movida en la calle y mis vueltas de fiesta a casa por la noche. Resulta que los chicos a los que les peleé, paran con otros veinte muchachos más o menos, a unos metros de la entrada de mi casa, y bueno, hacen lío como todos los chicos que tienen problemas de familia y de conducta.
El problema mayor radica en lo que era salir con amigos y volver de noche a casa porque, suele suceder, que por las noches le roban y le pegan a los que pasan por Diaz Velez y Salguero. Si a estas acciones le sumamos el rencor de ver pasando al pibe que les pegó un cascotazo en la cara, mi situación era de vida o muerte. Yo no quería volver con Flor, ni con ningún amigo, por miedo a que les pasara algo.
Cuando a mediados de Marzo me encontraba volviendo a casa, un día como cualquier otro, cruzo la calle y en la puerta de mi edificio encuentro nada menos que a nueve o diez de estos chicos. Agacho la cabeza pero no puedo evitar que me reconozcan. "Uh... mirá quien viene", "Mirá, es ése", "Dale dale agarralo". Se dieron vuelta todos y se me acercaron, algunos ya con las manitos cerradas en círculo formando un puño. No supe mucho qué hacer, la verdad es que nunca me quisieron agarrar tantas personas juntas a mi solo. Me quedé callado y quieto. Gracias a la suerte de la vida que me indicó que esa tarde no iba a morirme, un par del grupo dijeron "Dale dejalo al gato ese vamosnos que no llegamos, ya lo vamos a agarrar y no la cuenta", "Te dejamos caminar ahora pero ya vas a ver etc etc".
Perfecto, me salvé el orto de casualidad, pero esto significaba una sola cosa, la bronca estaba presente y me tenían advertida una revancha, y no sólo eso sino que conocían ya todos mi edificio.
Los cuidados que tenía que tener eran varios, y no porque sean los tipos más duros y locos de la vida, sino por el simple hecho de que a menos que sean liseados, no podría nunca hacer nada contra tres o cuatro personas pegandome, mucho menos, contra ocho o diez.
Los días siguieron pasando y entre algunos de mis amigos diciéndome "Juntamos a un par y los vamos a buscar", "Los acorralamos en la plaza y que pelee con vos el pibe y se sacan la bronca", llegó el día final, llegó el ayer. Volvía del partido de Pasco Team, e indefectiblemente tenía que pasar por su parada. Eran seis o siete. Pensé "Bueno Alex, pasá tranquilo pero estate atento por si vuela algún golpe". Me acercaba y nada, pero cuando pasé por el medio escucho un "Qué onda con vos amigo?". Me llené las pelotas. No respondí pero llegué a casa, dejé mi mochila con los botines y bajé a buscarlos, previo aviso a mi viejo de que lo iba a hacer.
Cuando abro la puerta y salgo a la vereda, ya no eran seis o siete sino diez o doce. En cinco minutos habían aparecido más. Me acerqué bastante cagado y encaré a uno de ellos. Le empecé a hablar, no lo dejé hablar, hablé fuerte. Dije que no quería problemas cuando cruzaron desde la vereda del frente otros dos más (Guille y el Ruso) que yo ya había visto una vez con una pistola y una pila de billetes en la mano. Estaba rodeado de pibes, todos mirándome atentos. Me distraje un poco pero seguí hablando sin dejar hablar a nadie. Estaba hablando y a la vez preparado para que alguien me rompa la cabeza y tenga que salir corriendo. Dije todo lo que la situación me permitió decir. No quiero problemas. Soy del barrio. Los conozco y me conocen. Me ven siempre. Soy de la plaza igual que ustedes. No me bardeen más. En eso apareció mi viejo y se metió al medio del círculo de pibes, con la camisa arremangada listo para defenderme en caso de guerra. Pero no fue necesaria para mi sorpresa, el pibe al que le hablé (El Cheto, ya le hablaba yo hace un tiempo) se levantó, me dio la mano, me dijo que me quede tranqui que no pasa más nada, lo saludó a mi viejo y le dijo que se quede tranquilo él también que no pasaba nada, y entre varias cosas, me dijo una que rescato bastante: "Bien ahí que viniste a hablar las cosas amigo". Me di vuelta y me volví a casa. A cada paso me dejaban de temblar un poco las piernas.
A menos que todo haya sido una joda de los pibes para después darmela otro día, cosa que no me parece muy posible, puedo decir caso cerrado al único problema que me venía acosando.
Cosas que pasan. Y no fue necesario llamar a la policía.
Cuestión de relajarse un poco la foto, nada más...

JAJAJAJAJAJAJAJA la ultima oracion, por dios alex, que genio
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