Inmerso en un avasallante Huracán que no entiende de objetividad. Acá, donde estoy, la objetividad no existe, ni tampoco la constancia. Sólo se trata de golpearse contra todo tipo de paredes, describiendo las sensaciones que esos golpes producen. Son una emoción nueva atrás de otra, sumándose como las formas del tetris, acomodándose por donde pueden, encimándose, hasta explotar juntas y dar lugar a nuevas. Es sentir todo el tiempo, y nunca lo mismo y a la vez no poder darme cuenta de qué es lo que está pasando en el momento.
Se está cortando una soga vencida definitivamente, a la vez que se está zarpando de un puerto hacia rumbo desconocido, a la vez que se está a la deriva en varios puntos, y encaminado en otros tantos. Golpe y caída, sensación, emoción, sentimiento, dolor, placer, amor. Sensibilidad a flor de piel e inmersión en Huracán. ¿Mucha droga, o muy poca?
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