Fue el viaje más alucinante de mi vida. Acabo de llegar a casa después de una lluvia torrencial que en cinco minutos inundó parte de Abasto y Almagro.
Tomando Ecuador a toda velocidad el chaparrón me decidió a cambiar de rumbo y dejar la bicisenda de lado para doblar en Lavalle. La esquina de Jean Jaures completamente mojada y con viento en contra era una invitación al desafío. Los autos venían a gran velocidad y yo con frenos ajustados. O pasaba el auto o pasaba yo. Estaba a 50 metros y ya crucé los dedos sin soltar el volante. Sabía que sólo una de las dos posibilidades existía, o pasaba entero sano y salvo o un conductor me arrastraba hasta Corrientes o con suerte hasta la cortada Carlos Gardel, grafíquelo. Casi llegando al negocio de los jeans que atiende el rubio loco que canta, me decidí a cerrar los ojos y "que sea lo que el destino quiera". Andando a gran velocidad y ya sin poder frenar, esperé a mi destino. Pero un ruido ensordecedor me hizo abrir los ojos de golpe. Y es que el 26 estaba cruzando a la par de mis rodados y de esta forma salvávame la vida. Nadie se animó a cruzar con un 26 en plena tormenta cruzando una esquina sin semáforo.
Agradecí el estar vivo, agradecí al destino por darme una chance más, respiré más hondo que nunca y me di cuenta de que donde suele abrir la feria americana estaban fumandose una vela. Sí, con toda la lluvia, un porro con olor bien fuerte estaba consumiéndose sin un techo que lo respalde.
No me distraje mucho porque otro 26 ya me alumbraba la nuca. El Abasto fue una zona relativamente tranquila exceptuando el constante viento que me tiraba la bici para los costados y no me dejaba andar despacio.
Las piernas se me iban desintegrando y esto hacía que el poderoso 26 me comiera metros y metros hasta que sentí que me comía el rodado trasero entonces decidí sacar fuerzas de donde ya no tenía y crucé Sánchez de Bustamante. ¿Quién estaba si no va a ser mi gran compañero de la primaria mi amigo Uba? Estaba la gente de Lavalle también con la sustancia bajo la lluvia. No había tiempo que perder así que detenerme a hablar se hizo imposible, y tuve que tirarme a la mano izquierda en una maniobra que jamás creí que me animaría a hacer. Doblando en la bicisenda de Mario Bravo me detuve completamente para acomodar mi celular entre las medias adentro de la zapatilla para evitar que se mojara. Un policía me miraba y le di lástima aunque él me dio más lástima a mí porque yo en verdad la estaba pasando genial y él estaba trabajando y por lo que demostraba su cara estaba sufriendo mucho la lluvia y el aburrimiento de estar completamente sólo durante muchas horas.
Ya en la esquina de Corrientes la caminata se hizo más corta, los árboles de Almagro te pueden matar si se caen pero si no, te salvan la vida en una noche de lluvia como ésta. Nos cruzamos a mitad de cuadra con otro bicicletero que estaba en la misma que yo y nos saludamos riéndonos. Un fenámeno.
Ya en Perón pensé "qué hago? Paso por la plaza a ver si hay alguien todavía o doblo por la bicisenda?".
En la esquina de la plaza (en la cual no había nadie ya y por eso no me detuve) me paró el semáforo y choqué con la mirada de un borracho que me estaba diciendo algo.
-¿¿¿¿¿Qué?????-
-COMO EL DIIIEEGGOOO PAPAAAA-
-¿¿Por qué como el Diego??-
-SSSINN PARAGUASS PAPA COMO ELD EIGO-
-Ah... jaja sí ¡¡nos vemos amigo!!-
Supongo que el Diego cuando andaba en bici por Almagro en las noches de lluvia no usaba paraguas. Y si no es así, no entiendo qué me quiso decir ese borrachín pero bueno, buena onda. Doblé en Medrano y ya fue todo sicología, sentí que estaba seco. La sensación de haberme hecho las 13 cuadras más largas de mi vida me hizo sentir que estando cerca de mi casa ya estaba como nuevo.
NdeA: Las maniobras peligrosas son fantasía, pasar por delante del 26 en una maniobra loca no fue ni cerca así ya que no me animo. Queda más que claro que no crucé Jean Jaures con los ojos cerrados esperando mi destino, sólo quise hacer más loco el cuento. Todo lo demás fue real.
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