7/06/2011

El Fantasma 9

Cuando entré me encontré con todo tal cual como lo había dejado la última vez que estuve ahí. La cacerola, el piso todavía mojado, los pelos, los dientes y los sensores de movimiento. El aire de los ambientes era triste. La casa estaba igual, pero cien años más vieja. Deteriorada, abandonada, sucia, polvorienta, oscura. Hacía bastante calor y faltaba un poco el oxígeno. Ventilé, abrí ventanas y persianas, corrí cortinas y barrí.
Nada. Estaba totalmente solo, o al menos, eso sentía. Era extraño, como una paradoja. Cualquier persona sentiría raro el hecho de estar sola y sentirse acompañada, mientras que consideraría normal estar sola y sentirse sola. Bueno, a mí, me pasaba lo mismo. Subconscientemente esperaba alguna manifestación, me creía acompañado por aquellas "energías", aunque los hechos indicaban soledad absoluta.
Luego de una limpieza, llegaron mis dos acompañantes. La bruja tocó timbre y cuando salí a abrirle apareció Ramiro. Apenas la vi a ella, recordé mi sensación de hipnosis, mi sueño, y su voz atrapante.

-Que haces-
-Permiso-

Los acompañé y entraron. Ramiro acomodó su buzo en una silla mientras que ella apoyó su bolso en la mesa. Ambos ocuparon un lugar en la mesa.

-Cuando quieran arrancar avísenme, mientras tanto voy preparando algunas cosas-

La voz de la bruja era tan encantadora como la primera vez. Lo extraño de nuestra conexión era la fuerte presencia de sus ojos en cada pestañar de los míos.
Corté la luz como ella me indicó, me senté. El miedo y la adrenalina me hacían transpirar y temblar fuerte.
-Vamos-

Nos agarramos de las manos. La bruja nos miró a ambos. No pude dejar de mirarle los labios. Sabía que iba a decirnos algo y no quería perderme detalle de su movimiento.

-Aunque sería osado pedirles que estén tranquilos, quiero que sepan que si nos soltamos las manos o nos levantamos de la mesa esto no va a funcionar, así que, más allá de cualquier cosa, intenten mantenerse en sus sillas y tomados de las manos-
-Pero pará, ¿qué puede llegar a pasar?-
-Hay mucha energía, estan muy nerviosos y es normal que sientan ruidos o presencias, no van a correr ningún tipo de riesgo-
-Pero pará, pará un cachito, ¿cómo que presencias?-

Ramiro se alteraba mientras que yo había olvidado el miedo por un rato. La bruja no me miraba pero yo sentía que lo hacía. No podía quitarle los ojos de encima. Su boca, mi sueño, ella desnuda, sus labios, su tono al hablar.

-Una vez que empecemos vas a saber, lo que te puedo asegurar es que no va a pasarnos nada, si confiaron en mí para traerme, déjenme actuar con el procedimiento correcto-
-Ramiro dejala-

Fue todo lo que pude decir, sin dejar de observarla. Por el rabo del ojo alcancé a ver el gesto de Ramiro de displicencia mezclado con miedo. Nuestras manos aferradas, la casa de los fantasmas dejaría de existir para transformarse en una casa común del barrio de Palermo. Nuestro destino se posaba una vez más, sobre las manos de lo espiritual, lo no tangible. Mi presente dejaría de ser una vida de esas que nadie cree, para transformarse en una anécdota. Volvería todo a la normalidad.

-Entonces. Comencemos...-

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