-...Quiero que cierren los ojos y respiren hondo unas cinco veces, inhalando por la nariz y exhalando por la boca con fuerza... A continuación vamos a abrir una conexión interenergética, con la intención de liberar definitivamente a cualquier tipo de energía que haya quedado estacionada entre el mundo vivo y el mundo muerto-
Al término de estas palabras tuve un escalofríos que me sacudió el cuerpo. Nunca en mi vida creí que llegaría a esa situación. No podía estar escuchando esas palabras. No podía estar exorcisando mi propia casa en compañía de una bruja. El hecho de conectarme con muertos o fantasmas o lo que fuera que había era increíble y muy fuerte para mi cabeza, para mi razón. Mi extraña e inexplicable sensación, mezcla de miedo, asombro e hipnosis, me mareaba.
-Respiremos hondo unas cinco veces más. Ya estamos entrando en la conexión. Podemos comunicarnos con energías estancadas. Sabemos que en ésta casa hay energías que han quedado en medio del proceso de cambio. Deseamos ayudarlas a continuar y finalizar su viaje-
Durante unos segundos no se sintió nada que no fuera el temblequeo incesante de nuestras manos anudadas. Poco a poco fue aumentando la temperatura. Empezaba a hacer calor... bastante. Todo se sentía muy real.
- ¿Puedo abrir los ojos?-
-Deseamos ayudar a cada energía estancada en esta casa a continuar y finalizar su viaje. Respiren hondo tres veces y mantengan la calma sin soltarse las manos-
El calor era intenso y lejos de creer lo que estaba pasando estuve cerca de soltarme la mano para quitarme la remera. Estaba transpirando. Entreabrí uno de mis ojos y vi que Ramiro estaba totalmente abierto, observando todo, aterrado. La bruja estaba como dormida, pero no dejaba de respirar fuerte ni de hablar.
-Ya que el destino no quiso abrirles una puerta, es necesario que cada energía viva presente en ésta mesa imagine que abre una ventana-
Ramiro y yo, con los ojos abiertos, nos miramos sin entender.
-¿Tenemos que imaginar que abrimos una ventana?-
-Sí, háganlo ahora-
Mi amigo lo hizo, mientras que yo aproveché los ojos cerrados de todos para mirar con más descaro a la bruja. Le miré el cuello, el pelo, las orejas y sus labios con mucho más fervor. Quería abalanzarme sobre ella, pero sabía que no debía hacerlo. A la vez que sentía una fuerte atracción física, tampoco podía quitarme de mi interior su mirada.
-A continuación, todas aquellas energías estancadas que estén presentes pueden continuar su viaje mediante la ventana que abrimos en ésta conexión. Nosotros, quienes ya abrimos las ventanas, dejemos pasar por última vez a estas energías a las cuales el destino no quiso abrirles la puerta, para que, finalmente, se desintegren-
Noté que su mano me apretaba más y a la vez lo hacía Ramiro. Los miraba mientras cerraban sus ojos con más fuerza. No podía dejar de pensar en el nombre Natalienne. Sus labios diciéndome Natalienne me desesperaban, quería escucharla pronunciando su nombre. Pero de golpe esta especie de hipnosis se cortó. Sentí que alguien me calentaba la nuca. Ramiro y la bruja ya no hacían movimientos ni respiraban fuerte, parecían dormidos. Yo era el único que se había quedado despierto y había salteado la parte de la ventana. Quise darme vuelta pero entendí que no podía por mis manos.
Mi nuca empezó a arder, se sentía como la llama de un encendedor.
-¡Concentrate o vamos a perder la conexión Pedro!-
-¡Boludo concentrate!-
Sentí directamente la llama de fuego posándose sobre la piel de mi cuello y solté mis manos levantándome abruptamente de la silla. Mis compañeros despertaron sorprendidos.
-¡¡Ay!! ¡¡¡La puta madre me quemaron!!!-
Mientras me rascaba la nuca explotó una botella de vidrio que tenía sobre uno de los muebles. Estalló y se hizo pedazos, sóla. La bruja estaba desorientada, preocupada.
-¡Te soltaste! Ahora no funciona esto-
-¡Pero sentí que me prendían fuego el cuello!-
-¿Imaginaste la ventana?-
-Sí... pero me quemaba el cuello-
La bruja me miró decepcionada. No se le miente a una bruja. Se levantó y tomó su abrigo.
-No voy a cobrarles nada por algo que no pude hacer funcionar. Disculpen por el tiempo perdido. Abran la puerta que me voy-
Ramiro quería asesinarme. Sorprendido, desorientado y con ardor en la nuca, le abrí a la bruja. En la puerta se dio vuelta para mirarme a los ojos por última vez.
-Perdón por hacerte sentir lo que sentiste las veces que me viste, no creí que fuera capaz de esto, fue un fracaso-
Se dio vuelta y caminó. Me congeló. ¿Acaso sabía lo que sentía cuando la observaba? ¿Era ella causante de todo esto que yo sentía? ¿No era entonces amor sino hipnosis? La corrí y le tomé el brazo, pero no levantó la mirada del piso.
-Al menos decime tu nombre... bruja-
Levantó los ojos hasta mi pecho, lagrimeaba delicada. Su gesto era soberbio, como si ya supiese por dónde venía la pregunta.
-Sí, me llamo Natalienne-
No podía creerlo. La última hora y media de mi vida había sido más increíble que el resto de mis 30 años.
- ¿Entonces ya sabes todo?-
-Sí, perdón, esto no fue nada profesional, no creí que fuera a pasarme-
Sin más palabras, sin entender nada, sin saber lo que sentía, sólo por impulso y corazonada, la besé intensamente. Ella cerró los ojos y yo también. Me soltó y me alejó con sus brazos. Se volteó y se fue.
Ramiro apareció en la puerta de la casa, me vio solo, observándola caminar de espaldas para siempre. Se acercó a mí, me palmeó la espalda y me invitó a sentarme en el cordón de la vereda.
Nunca estuve tan desorientado en mi vida. Tuve una especie de enamoramiento que resultó ser una hipnosis o al menos eso creía. Una casa convivida con fantasmas que me quemaron la nuca y los muebles. Una familia de la cual no podía hacerme cargo por estar viviendo una aventura-pesadilla peculiar. Un exorcismo arruinado por una actitud adolescente. Sentado en el cordón de una vereda cualquiera con un amigo que no sabía si estaba enojado, frustrado o soñando, y al cual terminé involucrando en un mundo que parecía irreal. A mi edad cualquiera tenía una vida establecida o, al menos, normal, como la que mi vieja quería. Sin embargo yo, no entendía ni siquiera dónde estaba parado. ¿Y Natalienne? ¿Y mi casa? ¿Y mi familia? ¿Y los fantasmas? ¿Y YO? ¿Qué era de mí? ¿Quién era yo?
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