La mañana nos encontró a mi amigo y a mi, recostados sobre la pared del mostrador de la bicicletería. Abrí mis ojos y recordé mi sueño mientras iba acomodando mis ideas. Había soñado con la bruja, un sueño un poco especial. Estaba en mi casa y ella entraba a hacer el exorcismo, pero Ramiro no estaba. Nos desnudábamos como parte del procedimiento. No podía evitar excitarme con la imagen de ella sacándose el vestido. Tenía un cuerpo muy atractivo. A pesar de no poder ocultar mi sexo caliente, la bruja no prestaba atención. Mientras se sentaba en el piso, cerraba los ojos y empezaba a respirar con fuerza. Me invitaba a hacer lo mismo. Yo no podía evitar entreabrir los ojos y mirar sus pechos. Pero de golpe del suelo comenzaba a salir humo y se calentaba. Yo me levantaba y saltaba para no quemarme los pies. Ella seguía sentada con los ojos cerrados y respirando cada vez más fuerte. La sensación de calor, fuego y excitación se volvía cada vez más intensa hasta que con una llamarada de fuego que explotaba con mucho calor y desaparecía en el aire, una profunda tranquilidad me nacía y contagiaba cada rincón de la casa. La bruja se vestía y me decía que ya estaba listo todo. La acompañaba a la puerta y antes de irse le preguntaba su nombre, el cual todavía no conocíamos porque desde un comienzo fue "la bruja". "Natalienne" me respondió. Esa fue la última imagen de mi sueño.
-Che despertate loco, dale que hay clientes-
Ramiro me revoleó una cachetada. Lo re puteé en voz baja. Me di cuenta de que acordándome del sueño que había tenido, me había vuelto a quedar dormido y ya era mediodía. Me levanté y me arreglé un poco el aspecto.
El día en la bicicletería fue normal. Normal significa que viene una persona cada hora y media a preguntar algún detalle o a pedir un presupuesto por algún arreglo. Así que, de tan aburridos que estábamos, decidimos cerrar un rato antes, a dos horas y media del encuentro con "la bruja", en mi casa.
-Qué haces? Venís conmigo o nos encontramos allá directamente?-
-No, me voy para casa yo, nos vemos allá-
-Bueno, dale, cuidate-
-Sí, vos también-
Nuestros "cuidate" ya no eran el típico gancho de cierre de una conversación común. Eran un imperativo, con su significado verdadero, nos teníamos que cuidar, ya que, quisiéramos creer o no, presencias sobrenaturales habían interferido en nuestras vidas.
Cuando llegué a casa me enteré de que Marina, mi ex, me había llamado. Así que una vez que me puse cómodo (era necesario hacerlo antes de hablar con ella), agarré el teléfono.
-Hola... Marina?-
-Pedro?-
-Sí, cómo estás?-
-Acá andamos, escuchame, vos no pensas llamar nunca? Te acordás de que tenés una hija? Porque ya se que conmigo no hay mucho que hablar pero Laura te extraña sabes?-
-Si, mirá, estuve con algunos problemas, pero ...-
-No, está bien, no me interesa, siempre tenes problemas, Laura te quiere ver, cuándo vas a venir a buscarla?-
El hecho de no ver a mi hija desde hacía bastante tiempo me tenía angustiado, pero por otra parte también estaba con conflictos que resolver y sin casa, lo que hacía muy complicada mi situación paternal.
-Mirá, estoy parando en la casa de mi vieja, la puedo traer acá mañana a la mañana, la paso a buscar, la llevo al negocio conmigo...-
-Cómo que estás con tu vieja? Qué te pasó con tu nueva casa?-
-Tuve un problema, ya te voy a contar-
-Sí bueno, igual, si estás ahí no la busques Pedro, se quedará conmigo hasta que consigas un lugar, pero fijate si podes pasar a verla viste...-
Marina me saturaba. A medida que fui separándome de ella, su relación con mi mamá empeoró de manera vertiginosa. Y ahora no quería que Laura se quedara en la casa de su abuela a dormir.
-No tiene nada de malo que esté acá con su abuela Marina..., es su abuela-
-Pedro, ya hablamos veinte veces estas cosas y tengo los ovarios rotos de discutir, cuando puedas vení, si podes esta noche mejor-
-Pará, pará un poquito Maru, mil veces hablamos y me dijiste que no te bancas actitudes de mi vieja, listo perfecto, pero qué tiene que ver Laurita? Es su nieta-
-Mira Pedro me pudren mucho las costumbres que le mete y punto hermano, ¡no quiero discutir!-
-Qué cosa? Lo religioso?-
-¡Le mete estampillas de Cristo hasta en los pañales!-
-¡Como si por eso estuviera malenseñando a nuestra hija Marina por favor! Me decís que siempre tengo problemas y que no veo a mi hija ¿y no querés que la busque porque mi vieja es muy religiosa y estoy con ella? Dejate de joder-
-¡Dejate de joder las pelotas! A esa casa no va y no es algo que se discuta-
Juro que si hubiera sido por mi postura, hubiese seguido la discusión hasta el día siguiente, pero entre que se me hacía tarde para el exorcismo, que quería terminar de definir cuándo veía a mi hija, y la poca voluntad de Marina para solucionar los conflictos, decidí rendirme.
-Uf... mirá, hagamos una cosa, mañana cuando salgo del negocio paso a buscar a Laurita y la llevo a comer algo, dale? y después te la llevo otra vez-
-Qué te pasa eh? Andas apurado? Ya queres cortar el teléfono ahora no?-
-Estamos grandes Marina, de verdad estoy cansado, me dijiste que no querés discutir, yo tampoco, por eso te busco una solución, mañana la llevo a comer-
-Jaja lo tuyo es increíble, vení cuando quieras Pedro... pero avisame con tiempo-
No podía ser más complicada.
-Bueno... te aviso hoy, que mañana paso-
-Ok, nos vemos mañana, chau-
-Chau avisale a Laurita y decile que le mando un beso enorme-
-Está durmiendo-
-Avisale, chau-
Corté. Me bañé. Era la hora de salir. Estaba nervioso, acelerado, con miedo, curiosidad y ansiedad. Sentía la sensación en el pecho de que algo grande estaba llegando. Nunca había presenciado un exorcismo. La resignación al miedo me acompañó en el camino a la casa.
Sí, otra vez a la misma casa del fuego, aquella en la que comprobé, pese a mi fuerte convicción de que todo aquello que no fuera vida no existía, que más allá de nosotros, hay algo más. Por momentos pensaba únicamente en mi hija, en volver a verla, pero luego me invadía la profunda sensación de que estaba caminando hacia un punto de quiebre en mi vida, hacia el momento en el cual mi vida cambiaría definitivamente.
Llegué, abrí la puerta, entré.
Dios vengo un poco atrasada me lo tnego que poner a leer!
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