Salté de la cama y corrí al baño a mojarme con agua fría. Mamá corrió atrás mío.
- ¡Qué te pasa mi hijo! ¡Estás todo brotado!-
Me daba vueltas la cabeza. Millones de pensamientos por segundo. Aceleración. La voz extraña de Ramiro. El fuego. La gente sin pelo. Mi piel. ¿Cómo pudo mi piel ponerse así? Tenía que hacer algo más. ¿Y mamá? ¿qué le iba a decir a ella?. ¿Y si algo salía mal? ¿y si había metido los fantasmas a la casa esa también?.
-Perdón mamá, me voy, no te preocupes por nada, esta tarde voy al médico-
-Te acompaño-
-No te preocupes por nada, me voy-
Agarré mis cosas y me fui. Aparecí por la bicicletería.
-¿Qué haces tan temprano por acá?-
-Los fantasmas...-
Ramiro cambió su cara. Sus ojos reflejaron algo raro. Como si supiera lo que le iba a contar.
-Yo también tengo algo para contarte de los fantasmas-
-¿Qué?-
-Mira, vos sabes que yo tengo la costumbre a la noche de anotarme en mi libreta las cosas que tengo que hacer a la mañana, para organizarme-
-Sí, sos medio obsesivo con eso-
-Bueno, Pedro, anoche, te juro por dios, que anoté sólo dos cosas: "Lavar camisa blanca" y "Avisarle al tío que no conseguí entradas para River"-
-Sí, ¿y entonces?-
-A la mañana Pedro... a la mañana-
-¿A la mañana qué?-
-A la mañana me desperté y como todas las mañanas me fijé en la libreta lo que tenía que hacer. Pero estaba toda totalmente escrita y tachada, te lo juro y tengo la hoja guardada. Entre los tachones descubrí las dos cosas que había escrito a la noche, pero también leí otras cosas...-
-¿Qué cosas?-
-Decía con letra clara: "No se apaga el incendio con ollas de agua", "El calor no es tan malo".
-Estás mintiendo...-
-Pedro, por favor loco, te juro que decía eso... la hoja, me desperté, y estaba toda rayada con lapicera. Escribo hace años en la libreta y nunca me pasó algo así. Esto no fue un sueño, esto fue real-
Metió la mano en su bolsillo y sacó una hoja de papel pequeña. Era la hoja. La abrió.
Era increíble, no había casi espacios blancos, todo era rayones de lapicera. Agarré la hoja y comprobé que era cierto lo que Ramiro había visto escrito.
Entró un cliente y mientras él lo atendía, yo permanecí sentado, mirando detalladamente los rayones. El cliente se fue al mismo tiempo que descubrí algo que no me había contado.
-Ramiro... ¿y ésto? ¿lo viste?-
Se acercó corriendo.
-¿Qué cosa?-
Le señalé otras dos palabras que encontré escritas entre miles de manchas de tinta.
-"Me quemo"...-
-¿Lo habías visto?-
-No...-
El mensaje era claro, con otra letra distinta, y lejos de los otros escritos. "Me quemo" decía.
-Pedro- dijo después de un silencio profundo-, esto ya no es joda, estoy muy asustado hermano, ¿qué carajo pasa acá? ¿qué es todo esto?-
-No se boludo... la verdad es que...-
-Estoy podrido de no saber, me da miedo, yo tenía una puta vida normal y ahora estoy atacado por fantasmas que me prenden fuego todo y nada más entré a la casa esa de mierda y ya cambió todo, no quiero más esto, apenas pasaron dos días y ya no lo aguanto más, no lo aguanto más, voy a prender fuego toda esa casa de mierda y que se vayan los fantasmas al carajo, ¿qué carajo quieren eh? ¿QUÉ MIERDA QUIEREN? DÉJENME EN PAZ-
Ramiro lloraba de nervios, le temblaban las manos y miraba al techo, como gritando al cielo, costumbre de hablarle a lo que uno no conoce. Por un lado estaba asustado, pero por otro me sentía culpable. Se veía el terror en el gesto de mi amigo, y yo me sentía responsable de lo que le pasaba. Ahora los fantasmas no le daban respiro, igual que a mí. Era un problema que yo le había traído y tenía que ayudarlo. Le di una palmada en la espalda.
-Vamos a descubrir lo que pasa con esto y va a terminar-
Nos quedamos los dos parados, Ramiro mirando al piso ahora, colorado y llorando, con una mano en la cintura y la otra agarrándose la cara. Yo lo miraba, con la mano en su hombro. Me daba vergüenza y culpa haber terminado metido en esto con él. Porque la verdad, nunca creí que iba a pasar algo así. Pero a esta altura ya no podía negarlo. Estaba frente a fantasmas y parecía que la historia no iba a terminar tan fácil.
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