6/18/2012

Policías en acción (es verdad, es real, creer o reventar)

El policía frenó el patrullero al lado mío en la vereda y tocó sirena indicándome que me tenía que quedar ahí. En la esquina de mi casa, 0:30 aproximadamente. Bajaron dos policías con caras de enojados. Los dos eran rellenitos y morochos, uno con el pelo cortado tipo corte militar, cortito a los costados y peinado con gomina arriba, raya al costado, y el otro casi rapado con algunos pocos pelos en la parte de arriba.
Se me acercaron cada uno con una mano en la pistola y otra en la cintura.

-Contra la pared y documento-

Me dijo el casi rapado. Accedí, me puse contra la pared, sin decir nada, pero el problema era que no tenía los documentos encima. El casi rapado (digamos pelado) se me acercó y me revisó. Sacó de mis bolsillos diez pesos, mis llaves, mi celular, dos boletos del colectivo, unas monedas de 10 y 25 centavos.

-¿Vos sos sordo pendejo?-

Me dijo.

-¿Por qué?-
-Te vuelvo a preguntar, ¿vos sos sordo?-
-No-
-Entonces repetime lo que te dije antes-
-No tengo documentos oficial, me los olvidé en mi casa-
-¿Dónde vivís?-
-En la esquina-
-¿Dónde?-

De más esta aclarar que este diálogo lo teníamos yo de espaldas contra la pared de la planta baja de un edificio, con las piernas abiertas y mis pertenencias en el suelo y él con una mano en mi espalda, otra en su pistola.

Le señalé el edificio donde vivo, en la esquina. De repente sentí un golpe fuerte en la nuca, se me dobló un poco la vista. Me mareé y me asusté.

-¡Ey! ¿Qué haces?-

Le pregunté al policía pelado.

-Si yo te pregunto dónde vivís me tenes que decir dónde vivís nene ¡¿o no entendés cuando hablo?!-

Su agresividad me asustaba sobre todo porque nunca me había parado la policía antes.

-En XXXXXX al XXX-
-Ahora nos entendemos. ¿Qué estabas haciendo acá?-
-Volviendo a mi casa-
-¿De dónde venías?-
-De la casa de un amigo-
-¿Dónde vive tu amigo?-
-En XXXXXXXXX XXXXX al XXXX-

En ese momento observé entre mis hombros a una vecina del barrio, que me conocía por cruzarnos siempre en los negocios, haciendo mandados o caminando, mientras fumaba y paseaba un perro pequeño. Ella me estaba mirando, y pude sentir (quizás lo imaginé, pero estoy seguro de que no) cómo se le removía el morbo, cómo me ubicaba en el lugar de delincuente, me miraba y no era la mirada cálida de cuando nos cruzábamos en un negocio, era una mirada que decía "¿qué hiciste? ¡si eras un chico de familia!". Una mirada que me hacía sentir avergonzado y ni siquiera había hecho nada (¿caminar es delito?).

-¿Y por qué no traes los documentos?-
-Porque no estoy acostumbrado, no hice nada malo, venía de lo de un amigo, de verdad, pueden llamarlo, no salgo muy seguido y no me acostumbro a llevar documento-

Estaba angustiándome, tenía frío y estaba tan cerca de casa que me ponía mal la situación. El otro policía se mantenía a distancia, hablando por su handy, mientras le hacía comentarios a mi interrogador tales como "voy llamando el patrullero, que le explique por qué no tiene documentos al juez", y a mi me decía "negrito, lo explicás en la comisaría, no te hagas problema". A esta altura ya me había olvidado del cachetazo en la nuca y después de oír esos comentarios el policía pelado hasta me parecía bueno.

-Bueno, mirá nene, vos no podés salir a la calle sin documentos, ¿está claro? Está peligrosa la calle y nos metes en un compromiso a nosotros ¿sabes? Es nuestro laburo éste papito, la próxima que salgas sin documento te va a cruzar otro patrullero y te va a llevar sin preguntarte nada ¿sabés? Ahora andá para tu casa y no te movas de ahí-

Me agaché a buscar mis cosas, agarré las llaves, el celular y las monedas de 10 y 25 centavos, y dejé los boletitos en la vereda. Noté que me faltaban mis diez pesos. Levanté la mirada y lo miré al policía pelado, quien seguía firme como una estatua al lado del compañero, mirando mis acciones. Le puse los ojos encima, entendiendo que los había agarrado él.

-¿Qué pasa nene? ¿Te olvidaste algo?-

Me dijo con el ceño semifruncido, con una cara que daba miedo. Me di media vuelta y me fui a mi casa. Cuando cerraba la puerta de madera observé que seguían ahí, con la luz-sirena encendida pero sin sonido, controlando que yo viviera ahí donde había dicho.

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