Venía caminando para casa cuando dos pibes me frenaron.
-Loco dame las zapatillas y la campera no te pongas en nada que no te quiero lastimar-
Dice uno y me muestra una faca tumbera, era un filo con un mango hecho de cinta aislante y papel.
-Bancá amigo, son las únicas zapatillas que tengo, te doy la campera pero las zapatillas dejamelas-
-Y yo no tengo ninguna zapatilla rocho cual es, te dije que no te pongas en nada ¿vos querés que yo te lastime? Hace lo que te digo pedazo de gato o queres que te corte todo acá mismo eh-
Me saqué las zapatillas y la campera, me dejó en medias en plena avenida, y cagándome de frío. Se puso mi campera y me quiso dar la mano.
-Eh amigo nos vemos muchas gracias eh tengo hambre yo, vos sabes-
Me reventó eso último. Hijo de remil putas me acababa de robar las zapatillas y en serio eran las únicas que tenía, me sacó la campera, me vino a apurar con una faca ¿y encima me dice amigo y me agradece? Encima el otro se reía y se mordía fuerte los labios, estaba re de base. No podía comerme esa gastada, ¿quién carajo se creía que era? Entiendo la necesidad de los pibes de la calle y que robar es consecuencia de otras cosas, pero ¿así? ¿era necesario eso último? ¡La concha de su madre!
-Nos vemos- le contesté y le di la mano. Lo dejé darse vuelta y cuando se dio vuelta caminó dos pasos y le estalló una botella de cerveza en la cabeza. Cayó mitad en la vereda y mitad en el asfalto hecho pelota.
-La concha bien puta de tu madre descansero- le grité agarrando mis zapatillas. El otro no llegó a reaccionar, se quedó duro mirando sin llegar a entender.
Corrí con ganas hasta mi casa, guardé las zapatillas en el ropero y me acosté en la cama. No pude dormir.
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