Yo lo re quería, mas vale que sí, era un gran amigo, pero bueno, son esas cosas que pasan, se fue para el otro lado, qué se yo... pasa, en estos tiempos pasa. Y es muy triste porque es una realidad que ya no está tan lejos de nosotros, antes era como un poco más lejana, pero ahora ya no es más así, está mas cerquita, ya somos varios los que conocemos esta historia.
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Nos veíamos casi todos los días, era así, día por medio, cada dos o tres días, pero no pasaba una semana entera sin que nos juntaramos. Nos tomábamos una birra, un fernet de vez en cuando, un asado, y después ibamos a jugar a la pelota o a ver música, siempre andábamos por todos lados, de acá para allá, en cualquier colectivo, en todos los barrios, a la hora que fuera, haciendo lo que se nos ocurriera, sin dañar a nadie, sin robarle a nadie, sin lastimar. Nos divertíamos muchísimo.
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Hace dos meses más o menos que no se nada de él. La última vez que quise verlo lo fui a buscar a la casa y la madre casi me saca a palazos, me pegó un bife y me gritó de todo. Está equivocada, pero la entiendo. Ella me hace responsable de lo que le pasó a él, porque siempre nos veía juntos, y cuando se puso todo jodido él le decía a ella que iba a salir conmigo y se iba para otros lados, yo no lo veía.
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Y bueno, el día que toqué timbre y me abrió la madre, me quiso matar. "Qué querés vos hijo de puta acá, andate de mi casa basura" me gritaba. Intenté decirle que yo quería saber dónde estaba Martín pero como la gente se empezó a juntar y la mujer me empezó a gritar cosas que podían hacerme meter en líos me fui. Pero la realidad es una sola, yo nunca lo metí a Martín en esa, él se metió sólo.
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Yo sabía en realidad que hacía tiempo que Martín tomaba, pero la realidad es que uno nunca sabe hasta qué punto está metido el otro. Uno no puede saber qué tan enroscada tiene la cabeza el otro. Es difícil. Yo lo cuidaba siempre que salíamos. Capaz que no ibamos a bailar muchas veces porque estando en el boliche y toda esa movida le daba una manija tremenda y al final no la pasaba bien, se hacía daño. Conmigo hacía otras cosas, jugábamos a la pelota, ibamos a buscar a algún amigo, salíamos de joda pero no a boliches, a otros lugares, diferentes, con más buena onda. O nos quedábamos dando vueltas por mi casa. Y eso él lo re valoraba, siempre me decía que no quería perder la amistad que tenía conmigo. Pero bueno, algunas veces la manija le ganaba y no podía controlar su cabeza... no es tan fácil, muchos te dicen que sí, que es corta, que lo encerrás y listo, que buscás al transa y lo matás, que lo internas de prepo, pero no es tan fácil, internarlo así a la fuerza no sirve de nada porque el pibe se escapa o en un ataque de abstinencia le pinta suicidarse, ¿y después?... matar al transa no sirve de nada... hay miles, por todos lados, en todos lados, y hay lugares a donde uno ya no puede llegar y son más peligrosos para el adicto también ¿no? Ojo que es una mierda lo que estoy diciendo pero es cierto, si la va a comprar sea como sea mejor que lo haga a la vuelta de su casa y no en un pasillo de la villa. Vos matas a tu vecino y el pibe mañana se toma el colectivo al Bajo Flores y ahí sí que no sabes si va a volver vivo.
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Y... cuando empezó a tomar me acuerdo que desapareció un poco. Capaz que nos veíamos viste, dos o tres veces por semana, pero menos tiempo, o capaz que le decía "Vamos a jugar unos partiditos a casa" y me decía "Bueno dale pero primero paso por lo de un amigo y después voy" y ese después voy no llegaba nunca, no venía más.
Una vez quedamos para juntarnos a comer con él y dos amigos más en la parrillita de acá en la esquina, y no venía, no venía, no venía, lo llamábamos y no contestaba... y yo dije "Éste está tomando". Después a la noche fuimos a mi casa con los pibes y apareció. Estaba re descolocado, se le salía la mandíbula para afuera. Y yo viste, nunca lo dejaba tirado, ni le hice la cruz, pero la verdad es que quedaba re colgado cuando estaba así, era otra sintonía ¿me entendés? mucho más acelerado, no podíamos disfrutar nada juntos.
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Y bueno así un día yo lo había visto a la tarde y me pidió ayuda. Me dijo que no estaba pudiendo controlar hace varios días las ganas y que estaba todo medio mal en su casa. Yo estuve con él unas horas, fuimos a buscar a mi hermanita al colegio y la llevamos para casa, merendamos, re tranqui. Y ahí él decidió irse. Me dijo que lo disculpara, que quería estar sólo.Yo le dije que no bardee que se quede tranqui ahi en mi casa pero me dijo que se estaba sintiendo mal en serio y se quería ir. Lo notaba re angustiado. Después de eso no lo volví a ver como por dos semanas y pico. Era muy raro que pase tanto tiempo sin vernos, así que lo fui a buscar a la casa. No estaba. La madre me cagó a pedos, porque él le había dicho hacía dos días que se iba para mi casa y no apareció más... yo le expliqué, le tuve que jurar que yo no lo veía hacía dos semanas a Martín y que nunca había pasado por mi casa. La madre lloraba, una angustia...
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Esa noche apareció por el barrio, me vino a buscar a la parrilla. Me contó que había fumado base el día que se fue de mi casa. Yo no le creí al principio, pero me contó bien como fue todo y bueno. Se sabe como es, siempre aparece un roto para un descosido... él estaba re manija, yo estaba con mi hermana, los pibes habían ido a jugar a la pelota, y como no pudo controlarse sólo, salió y se fue a buscar merca por todos lados. No se con quién se encontró que andaba con base y lo invitó a fumar. Se fue de rosca, se quedó dos días sin dormir y ni apareció por la casa, ni por mi casa, ni por la casa de los pibes. Me dijo que fue a dormir a lo del chabon ese en San Justo, en la villa, y que siguió fumando base los otros dos días re loco, que no pudo bajar hasta hacía unas horas que se dio cuenta de todo y volvió.
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Yo hice lo que pude también qué queres, le dije que se rescate, que estaba haciendo cualquier cosa, que la vieja estaba llorando preguntando por él, y que los pibes lo querían ver, que lo extrañábamos. Y era todo verdad, la vida seguía corriendo como siempre y Martín se iba perdiendo, se iba estancando cada vez más zarpado, ¿me entendés? Nosotros nos seguíamos juntando, jugando a la pelota, saliendo, la madre seguía trabajando y la gente seguía moviéndose en la rutina mientras él se estaba encerrando cada vez más en una rueda que gira sin parar pero para atrás, no para adelante. Pero aunque quiso, no me dio pelota. Me dijo que estaba bien, que le mande un saludo a los pibes y que cualquier cosa que me pasara le avise que él iba a estar siempre por ahí por el barrio. Me dio un abrazo y se fue. Al tiempo le mandé algunos mensajes, pero ni me respondió.
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La última vez que lo ví, también lo fui a buscar a la casa, pero me abrió el hermano. Yo con el hermano me llevo bien viste, él muchas veces salió con nosotros y sabe que yo no tengo nada que ver con que él estuviera así de hecho pelota. Me preguntó si sabía yo con quienes se juntaba pero le dije que no, si no sabía yo. "Si averiguo quiénes son los mato" me dijo. Te juro que cuando entré a la casa parecía un cementerio. Había una onda tan triste, toda la angustia estaba metida entre esas paredes, era para ponerse a llorar. Todo silencioso, apagado, como dejado. Pasé a la habitación de Martín y me puse a llorar, te lo juro por mi vieja. Estaba durmiendo en cuero en un colchón en el piso. Muy pero muy flaco. Sucio, y con la espalda lastimada, raspada.
Tenía las manos y la boca hechas mierda, todas quemadas.
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El hermano me invitó a la cocina. Me contó que Martín empezó a aparecer por la casa una vez cada tres o cuatro días, re drogado, a buscar cosas. Se llevó toda su ropa y parte de la ropa del hermano, se llevó una tele, el microondas, tres celulares, las zapatillas, plata, relojes, hasta los controles de la televisión y el teléfono de línea. Las últimas veces llegó sin remera y alguna vez descalzo, con los pies negros de mugre. Lo vendió todo. Martín se estaba muriendo de a poco, y ya no le podían decir nada porque se ponía re violento y se iba, y tampoco querían que se vaya así porque tenían miedo de que alguien le pegue un tiro o lo maten.
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Yo lloraba. ¿Y qué iba a hacer sino? Uno de mis mejores amigos estaba en una situación re cruda loco, si vos no lo ves, no lo vivís, no lo vas a entender, es horrible, horrible de verdad, es como ver muerto a alguien que querés pero que todavía sigue haciéndose mal.
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Le pregunté al hermano qué iba a hacer. Me dijo que trató de avisarle a la policía, que buscó ayuda en centros de adicciones, pero que si no podían llevarlo hasta el centro mismo no se podía hacer nada. "¿Y cómo hago para llevarlo si no se da cuenta ni dónde esta parado? Le quise decir que no se lleve mis zapatillas y me mostró un fierro, a mí chabon, soy el hermano menor". Le dije que quería ayudarlo, que lo llevemos juntos ahí mismo a algún lugar donde pudiesen tratarlo los profesionales. Pero cuando lo fuimos a buscarlo a la habitación se había ido, sin darnos cuenta se nos escapó. Y no lo ví más. Esa fue la última vez que lo vi a Martín, durmiendo.
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Ahora la verdad no se viste... yo todavía lloro, está todo muy vivo. Cuando estamos con los pibes siempre falta algo, no tenemos ya la misma alegría que antes ¿me entendés?
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La familia está destruída, no saben si el hijo se murió o si está tirado en un cartón en alguna plaza. Ya hicieron la denuncia, ya movieron hilos y ahora lo están buscando. La madre no me deja entrar a la casa así que el hermano viene casi todos los días a la parrilla.
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Sí, es una experiencia de mierda, me duele muchísimo, porque aparte se dicen muchas cosas pero poca gente sabe en realidad cómo son las cosas. Acá nadie habla de marihuana ni de alcohol, ni de que una cosa tiene que ver con la otra. Acá pasa algo mucho más complicado, y es que están matando a mi generación ¿me entendés? con drogas químicas que te revientan la cabeza en una semana. Una semana loco, son siete días, no es nada, en siete días pasas de ser un pibe normal a morirte. Si tenés novia, si tenés hermanos, si tenés amigos, trabajo, estudias o lo que sea que hagas, lo perdiste todo loco se te fue la vida en siete días de mierda.
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