8/14/2011

Peleas y Peleas y ninguna como esa.


Quiero hablar de algo, en serio esta vez, no son cuentos ni relatos de sexo, esto es algo que me parece importante.
Algunas veces el día te trae contrastes difíciles. Cuando crees que estás en el cielo de felicidad, cualquier hecho puede hacerte caer hasta el infierno, sobre todo cuando es aquel que te ataca desde el interior, desde tu corazón, desde donde nunca creías que te iba a atacar.
Siempre tuve un carácter o una personalidad o no se bien cómo se llama eso, que me llevó a pelearme, con mucha gente, jugando a la pelota, en el colegio, en otros lugares. Nunca me molestó pelearme con otro pibe, es más, siempre me pareció más fácil, te tenés bronca, te peleas, se terminó la bronca. Pero con el paso del tiempo aparecieron otro tipo de personas, diferentes, cada vez gente más diferente y complicada. Entonces ya no bastaba con una pelea, era enterarte de que fulano hablaba mal de vos, que le dijo a mengano que vos sos tal y tal cosa y que hiciste tal y tal otra, que ese es un gil porque fulano lo dice y si para vos no es un gil te quedas afuera, que dos o tres se te ponen en contra y te consideran una amenaza, por lo que te tiran tanta mierda por todos lados que no podes abrir los ojos ni respirar y tampoco les podes pegar, conclusión, o aprendes a ignorarlos y hacer la tuya, o te tenes que volver la misma mierda que ellos para pelearte.

También aparecieron los otros, los loquitos que de tanto pasar malas se fueron para el otro lado de la violencia y ya no les importa nada. Así llegué a meterme en otro tipo de problemas de los cuales también tuve que aprender a cuidarme, sobre todo, para seguir sano y entero.

Pero, como dije al principio, siempre hay sorpresas, y los días pueden traer contrastes difíciles de superar. De repente, no te toca bancarte que un forrito cualquiera diga que sos un puto, ni te toca un loquito que quiere romperte la cabeza, cosas por las que pasaste y sabes como manejarlas. De repente, en el día que menos lo esperes, alguien a quien considerás un amigo, puede quitarte un pedazo de vida, y a eso, querido, sí que no hay golpe que se le arrime, ni puteada que tajee más hondo. Y cuando esa sorpresa te cae para romperte el orto y decirte "Jaja, que te creías que tenías todos tus problemas bajo control?", pensas que hubieras preferido pelearte con 20 locos al mismo tiempo, o ser ninguneado por un vagón de resentidos juntos. No hay cosa peor que los dolores sorpresivos.

Y sí, ahí te das cuenta de que ya no es todo como con los animales, o como cuando eras chico, me tenías ganas me dabas un beso, me tenías bronca me dabas un bife, me tenías respeto me saludabas, me tenías cariño me dabas un abrazo. Ahora el mismo que te dio la mano y un abrazo un día, al día siguiente te mete un palo en el orto y te sonríe.

Y me dicen que pelearse, putearse, es de gente atrasada, de retrasados, de animalitos.
Te juro por mis viejos, prefiero ser un animalito atrasado y vivir entendiéndome a gritos y golpes, sin rencores ni resentimientos, que ser un intelectual inteligente señor interesante que te la ponga por la espalda con dialéctica y meditadamente. ¿Quién dice que un golpe duele más que una palabra o una actitud? Hubiese preferido un golpe en la nariz.

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