8/06/2009

MI VERDAD

"La exigencia de nuestras figuras idolatradas, nos suele generar complejos"


Todos, desde que tenemos memoria, comenzamos a aprender cosas y comenzamos a interesarnos por algo, sea fútbol, dibujos animados, músicos, otros deportes, pero por encima de todo esto, están nuestros padres.

En mi caso, mi padre y mi abuelo, desde bebé, fueron una especie de dioses intocables a los cuales nadie podia superar en ningún aspecto, y fueron siempre las figuras de hombres que yo quería seguir. Los imitaba andando en coche, fumando, jugando al fútbol, hablando, gesticulando, en todo lo que los veia los quería imitar. Y supongo que en este sentido, no debo ser el único que haya hecho este estilo de cosas.

Bien, entonces, ya que entramos en clima, empiezo a desarrollar mi verdad (recuerdo que "mi verdad" es algo que yo considero una verdad, no necesariamente vivida por mi).

Estos ídolos, pueden volverse traumáticos en el desarrollo de nuestras personalidades. Tomemos como ejemplo un padre, ya que éste suele ser el ídolo más cercano de todo niño. Los padres, (independientemente de lo buenos, malos, honestos, genios o talentosos que sean, dejemos este tema de lado) generan inconscientemente en los hijos la necesidad de parecerse a ellos, de querer ser como ellos. Pero hay padres que inconscientemente (supongo que es así) también generan demasiada imagen de grandeza, lo que al niño le complica las cosas. A su vez a esto algunas veces se le suma la exigencia que los padres ejercen en el hijo para que logre lo que él y más, o para que el día de mañana "sea alguien".

Esto forma un cóctel que suele desbordar al jóven y hacerlo creer que, la grandeza de su padre es inalcanzable, y que es chico, débil, que nunca podría llegar tan lejos, o le genera el simple temor de caer en el camino y frustrar a su papá.

Por qué entonces aparecen los complejos? porque yo creo, que una de las partes de nuestro crecimiento, una de las primeras, (ya nombré algo relacionado a nuestro crecimiento) es darnos cuenta de que nuestro padre no es inmortal, y que, tarde o temprano, va a llegar un momento en el que vamos a estar en las mismas condiciones que él y que podremos enfrentarlo con madurez.

Al ver de pequeños que nuestro padre es un destacado abogado, un arquitecto brillante, un médico de altísima embergadura, una personalidad imponente o hasta un respetado hombre del barrio, más tendencia al complejo tenemos, ya que mayor es la grandeza que nos representa y más probable es que, al querer nuestro padre que lo superemos, (o al darse cuenta de que podemos superarlo) nos puede llegar a ejercer una presión que puede acabar con nuestra autoestima, nuestro orgullo, o incluso generar traumas psicológicos que perduren a lo largo de nuestra vida.

Es el caso de hijos de jugadores de fútbol, de profesionales destacados, de hombres poderosos que ejercen una autoridad específica.

Y este trastorno de la personalidad puede producir, si no se supera, muchos más trastornos formando personalidades difíciles, complejas, llenas de laberintos, miedos, inseguridades y máscaras con las cuales la gente intenta mostrar una imagen que no es la suya.

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