Creo que todo estaba escrito desde antes de que empezara. Nuestras formas de ser hacían que la historia pudiera darse así de complicada. Mi amigo el permisivo, el que prefiere mirar para otro lado y así no afrontar el problema. Mi amiga la peligrosa, la que juega y siempre se divierte sin tomar consciencia de la realidad. Y yo, el inmaduro, el que se las manda todas por no darse cuenta a tiempo de lo que pasa.
Cuando él me la presentó la ví como una estrella. Ella era la mina que hacía felíz a mi amigo. Pero mi admiración se transformó en un fanatismo medio raro. Esas ganas de abrazarla y agradecerle por hacerlo feliz, se transformaron pronto en ganas de muchas más cosas. Los sentimientos se me confundieron como siempre, y como siempre, nunca me doy cuenta a tiempo.
Un día crítico me puse a pensar en si pudiera volver el tiempo atrás. Y llegué a la conclusión de que hubiera hecho lo mismo una y otra vez. Es que, a partir del momento en el que terminé por enamorarme de ella, las cosas fueron soltándose de manera tal que no hubo otro camino más que el que existió.
No hay comentarios:
Publicar un comentario