10/06/2009
Soledad
Me levanté agitado y mire mis manos, como buscando en ellas la causa de todo, pero estaban extrañamente limpias. Salté de la cama y fui corriendo al baño, me miré en el espejo, pero mi cara reflejó únicamente mis sentimientos más profundos. Busqué en mis manos la causa de todo, pero estaban extrañamente limpias. No necesitaba lavarlas. Salí del baño a paso lento, muy lento, y me acomodé entre las almohadas del salón. Miré a la mesa, pero ni la copa volcada, ni el plato, ni las bebidas, ni las migas, ningún testigo de la última cena tenía respuesta para mí. Miré mis manos pero ellas estaban limpias. Extrañamente limpias. Irremediable soledad, me atacó tan velozmente que ni siquiera pude entender cómo había pasado todo, hasta que pasó. Y mis manos estaban limpias.
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